sábado, 15 de mayo de 2010

El cabello de León

En una aldea situada en las montañas de Etiopía, una pareja de jóvenes se enamoró y se convirtieron en marido y mujer. Por un tiempo, fueron inmensamente felices, pero luego comenzaron a surgir problemas. Empezaron a echarse la culpa por cosas sin importancia. El la culpaba que pasaba mucho tiempo en los mercados, o ella lo criticaba que siempre llegaba tarde. No pasaba un día sin algún tipo de discusión sobre dinero, amigos o quehaceres de la casa. A veces se enojaban tanto que se gritaban mutuamente con insultos, solo para después ir a la cama sin decir una palabra, pero eso lo hacía aun peor.
Luego de unos meses, cuando ella pensaba que ya no podía soportar más, la joven esposa fue a visitar al sabio y viejo juez para pedir un divorcio.
"¿Por qué?", pregunto el anciano. "Estuviste casada apenas un año"."¿Acaso no amas a tu esposo?"
"Si, nos amamos. Pero no está funcionando."
"¿A qué te réferis con que no está funcionando?"
"Nos peleamos mucho. Él hace cosas que me molestan. Deja su ropa tirada por la casa. Deja las uñas de sus pies en el piso. Se acuesta muy tarde. Cuando quiero hacer algo, él quiere hacer otra. Simplemente no podemos vivir juntos"
"Ya veo, dijo el anciano. "Quizá pueda ayudarte. Conozco una medicina mágica que los haría llevarse mucho mejor. ¿Si te la entrego, vas a olvidar este tema del divorcio?"
"Si, asintió la mujer. Dámela."
"Espera, le contestó el juez". "Para hacer la medicina, necesito que traigas 3 cabellos del feroz león que vive cerca del rio. Tenes que conseguir los cabellos y traérmelos."
"Pero, ¿cómo voy a hacer para conseguir tal cosa?", se quejó la mujer. "El león seguramente me mataría"
"En eso no puedo ayudarte, contestó el juez negando con la cabeza". "Se todo lo que hay que saber sobre pociones y medicinas, pero no se nada sobre leones. Tendrás que descubrir la forma de hacerlo"
"¿Podrás con esto?"
La joven mujer caviló en sus pensamientos un buen rato. Amaba mucho a su marido. La medicina mágica podría salvar su matrimonio. Se decidió por conseguir los cabellos a como de lugar.
La mañana siguiente, la joven caminó hasta el río, se escondió tras unas rocas y esperó. Luego de un rato el león salió a tomar un trago. Cuando vislumbro sus enormes garras, se helo del miedo y casi se desmaya. Y cuando dio su poderoso rugido, se le pusieron los pelos de punta y corrió hasta su casa muerta de miedo.
Pero a la mañana siguiente volvió. Esta vez cargando un saco con carne fresca. Coloco la carne en el suelo a 30 metros del león, y luego se escondió tras unas rocas mientras el león comía.
Al día siguiente, puso la carne a 20 metros del león. Y a la mañana siguiente, la coloco solo a 10 metros y se quedo cerca del león mientras comía.
Cada día que pasaba se quedaba cada vez más cerca de la bestia salvaje. Después de un tiempo ya estaba tan cerca del león que podía lanzarle la carne con la mano y finalmente llego el día cuando lo alimento directamente con su mano! Temblaba al sentir como despedazaba la carne y la tironeaba. Pero amaba a su esposo más de lo que temía al león. Cerró los ojos, y con cuidado extendió la mano para sacar tres cabellos de la melena del león.
Solo entonces corrió tan rápido como pudo para ver al viejo juez.
“Mira!”, dijo la joven. “Traje los cabellos de león”
El anciano tomo los cabellos y los examino detenidamente.
“Es algo extraordinario lo que hiciste”, la felicito el juez. “Tomo de mucho tiempo y resolución”
“Si!”, admitió la mujer. “Ahora dame la medicina para hacer que mi matrimonio sea mejor.”
El anciano sacudió la cabeza.
“No tengo nada más para darte”
“Pero lo prometiste”, lo acuso la mujer.
“¿No lo ves?”, dijo el sabio juez con ternura. Ya te he dado toda la medicina que necesitabas. Tenías la determinación para hacer lo que fuere, lo que sea que tomase, para ganar una medicina mágica para tus problemas. Pero no hay ninguna medicina. Solo tu determinación. Me decis que vos y tú esposo se aman. Si los dos muestran la misma paciencia y resolución que mostraste para obtener los cabellos de león, serán felices por mucho tiempo. Pensalo.
Y así, la mujer volvió a su hogar con una nueva resolución.

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