sábado, 4 de julio de 2009

Decíamos ayer, o sea que seguimos vivos, que hay gente que teme a la nada, a dejar de ser; y los hay también los que temen a la eternidad manteniéndose en su identidad. Desde que murió mi abuelo siempre le he tenido miedo a la muerte. De forma puntual no es a la muerte en si a lo que le tengo miedo, sino a que si voy a morir o no. Supongo que será porque soy joven y tengo toda una vida por delante, pero esto se debe a que de eso se trata la vida, queremos vivirla cuando somos jóvenes por que queremos experimentar todas y cada una de sus etapas por la cuales han pasado nuestro padres, abuelos y descendientes, y mi miedo es ese, el no poder experimentar todas esas etapas de mi vida. Me imagino que es porque quiero vivir la experiencia de tener un hijo y de ver cómo crece a mi lado, de tener un hogar, de llegar a anciano y de disfrutar de mis nietos o bisnietos, en fin tantas cosas que me pueden pasar y el no poder vivirlos se convierte en un temor. Puedo vislumbrar entonces que estoy muy alejado de la postura borgiana para tomarme la muerte con humor...aún le temo a la muerte.

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